


Un día caminando por el sendero de la vida, a la sombra de un árbol me encontré con un corazón que lloraba con gran sentimiento. Entonces me acerque y le dije:
- No llores mas, a veces pasan cosas en la vida que no quisiéramos que hubieran sucedido.
Y para consolarlo, le dije:
- ¿ Acaso te rechazaron ?
Y entre sollozos me dijo:
- No, no es eso lo que sucede.
Entonces, le dije:
- Te dejó, te engaño.
Entonces, me contestó;
- ¡ No!
Tampoco te engaño. Intrigado le dije:
- ¿Que te dijo? Qué sentía confusión, que quería su espacio, que te quiere menos.
Me contestó:
- No, tampoco es eso.
Entonces, le dije:
- ¿Se murió? ¿Se fue de viaje? ¿Se olvido de algo importante para ambos? ¿Te maltrato de palabras? ¿te ofendió? ¿Te humillo? ¿Maltrato lo que querías?
Y me contesto:
- No, no es así.
Entonces, sorprendido le vine a preguntar:
- ¿Dime, Corazón por que lloras?
Y el Corazón le contestó:
- Yo lloro por sentimiento, por un sentimiento maravilloso, lleno de alegría por que me dijo que Si.
Pintura y Escrito:
Oscar Basurto Carbonell
13:41:48, TERRA_CATEGORIES: Misterios del Corazón. TERRA_POSTED_BY mystic_art 
Una historia pequeña, una flor diminuta se levantó por la mañana, aún estaba mojada por el rocío. Era muy temprano, el soL se elevaba por encima del horizonte y la pequeña flor dijo y exclamó sorprendida:
- ¡Mi Amor! ¡Que brillante eres! Siento la pasión de tu calor.
Y como el sol seguía elevándose, ella continuo diciendo:
- Entonces, si me quieres. Entonces, me respondes.
Y cuando fue al mediodía, aquella flor estaba dichosa y decía:
- ¡Me amas y te amo !
Y así, pasaron algunas horas y llegó la tarde, el sol comienza a ocultarse, y la flor decía:
- No me dejes, no me abandones.
Y el sol seguía ocultándose y la flor llorando decía:
- Tengo frío y por qué no me abrazas y me das tu calor. Acaso ya no me quieres. Acaso ya me olvidaste.
Y el sol seguía ocultándose, ocultándose. Y la flor se desmayaba y pedía auxilio:
- No me dejes luz maravillosa, no lo puedo soportar.
Más el sol se ocultó y llegó la noche, y la flor no lo pudo soportar.
A la mañana siguiente, la flor estaba marchita, el sol brillaba pero ya no existía la flor. Tan pequeñita como era no había podido soportar. Sin embargo, en el aire había un aroma , y la misma voz que decía y que ayer se quejaba, ahora exclamaba:
- Ya nada nos podrá separar. Ya no me ata la tierra y soy libre como el espacio. Y hacía ti voy a ir.
Y aquel aroma y aquel Amor subió y subió y, se unió a la luz del sol.
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Oscar Basurto Carbonell
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09:38:48, TERRA_CATEGORIES: Narraciones espirituales. TERRA_POSTED_BY mystic_art 
Hay un pueblo muy pequeño donde se cuentan dos historias parecidas y a su vez diferentes, pero hay quien dice que no son dos historias sino dos finales de una gran historia, un final feliz y el otro lamentable. Se cuenta así:
Dos hombres, uno muy rico y muy poderoso y el otro hombre, sabio y profundo en sus reflexiones. El mismo día y sin por supuesto saberlo, ambos tuvieron un hijo en lugares diferentes pero en el mismo pueblo. Y ambos, curiosamente, le pusieron a sus hijos, el mismo nombre. Pero el nombre acá no es lo más importante, es una coincidencia como muchas otras, sin embargo, de alguna manera, el final de la historia nos hará reflexionar acerca de un nombre, quizás nuestro propio nombre.
Los hijos de estos hombres crecieron sanos y fuertes más como el pueblo era pequeño y ambos padres querían para sus hijos lo mejor, los enviaron a una ciudad más grande -a la gran ciudad- a la capital del gran reino. Para esto, los padres, a su manera, se preocuparon por sus hijos y veían a su manera lo mejor para ellos.
Acercase pues el día, hasta que llego el momento, ambos padres acompañaron a sus hijos hasta la frontera de la pequeña ciudad. Ellos tendrían que partir y el camino era largo, de muchos días. Entonces uno de los padres dijo a su hijo:
- A lo largo de mi vida, he acumulado un tesoro importante, quiero que lo lleves tú y te sea base y fundamento para que estudies y te hagas un hombre de bien. No regreses antes de haber pasado doce años, donde habrás culminado tu profesión y además, tendrás éxito. Este tesoro que te doy, te llevara a buen puerto, úsalo con sabiduría y se justo y medido.
Un poco más lejos, el otro padre decía a su hijo, sin saberlo, exactamente las mismas palabras, como otra coincidencia. Capaz que variaba un poco la entonación, más literalmente se había dicho sin omitir nada, las mismas palabras, por tanto cada joven tomo el tesoro muy preciado que cada padre había dado y así sucedió pues que aquellos jóvenes emprendieron su camino.
Y paso y paso el tiempo y el destino, y hubo viento, no hubo viento, hubo lluvia y no hubo lluvia, días calurosos y no días calurosos.
Ambos padres llevaban siempre en su corazón ese fervor de ver nuevamente ese día próximo a su hijo. Y muchas cosas tendrían que haber sucedido y de hecho muchas cosas sucedieron.
Paso el tiempo como pasa un día tras otro y al cumplirse el plazo, se llegaron ambos padres como hace años a la frontera del camino. Doce años no es demasiado tiempo pero los jóvenes habían cambiado bastante, entonces vieron una caravana donde se acercaba un hombre al cual muchos le servían, admiraban y querían. Había carros, carretas y carruajes. Todos vestían finamente y un poco mas allá venia otro hombre que parecía no tener la mejor de las suertes. Estaba muy delgado y demacrado, su ropa andrajosa, bastante raída, se le veía muy mal, como atormentado.
Ante el escenario los padres sin saber, se acercaron bastante el uno al otro y entonces uno grito, pues alzo su voz y se refirió a aquel hombre que venia con un gran sequito y le dijo así:
- Hijo mío, veo que has triunfado que el tesoro que te di lo multiplicaste aun traes mas, tienes ahora poder y mandas sobre muchos.
Y el otro hombre muy cerca, al ver al otro personaje débil y demacrado, se quedo atónito, casi sin palabras pero le dijo:
- Si tu eres mi hijo amado, el cual algún día partiste, capaz no supiste apreciar los tesoros, pero yo abro mi corazón para ti, tal como si lo hubieses hecho de la manera correcta.
Ambos padres, entonces, esperaron y ambos hijos se acercaron, pero no en el orden en que aparentemente fueron identificados sino justamente a la inversa. El hombre que tenía más riquezas se inclino hacia la voz del padre conciliatorio y le dijo:
- Padre, yo si he sabido guardar y guardar el tesoro y lo que he alcanzado, no es tan solo el poder aparente, sino el secreto que me fue revelado dentro del tesoro que me diste y hoy me inclino, te agradezco y te valoro.
Y terminando estas palabras, el hombre pálido, enfermo y demacrado, se inclino ante el padre que no lo había reconocido y pronuncio estas palabras:
- El tesoro que me diste, para mi se convirtió en maldición, confundió mi vida, descarrió mis sentidos y lo perdí todo, dignidad, conciencia, razón, y vine a ser el mas pobre de los mendigos.
Pero ¿que sucedió aquí? ¿Que eran estos tesoros? ¿Quienes eran estos padres?
Uno de ellos era muy rico comerciante y el tesoro que le dio a su hijo fue dado en oro, mucho oro. Mas el otro padre, sabio y erudito, entrego a su hijo, unos manuscritos con reflexiones profundas, directas, pero a la vez, sencillas. Y sucedió que cuando los jóvenes llegaron a la gran ciudad, el joven al descubrir que su tesoro era oro, se desperdicio, uniéndose a malas compañías; despilfarró tanto, que despilfarró también su cuerpo, sus sentidos, sentimientos, valores y todos los que le seguían y adulaban cuanto gasto su ultimo pedacito de oro, lo abandonaron y quedo como un miserable que su vida fue empeorando pues todo lo que sabia era que no sabia vivir de verdad. Mas el otro joven, cuando descubrió su tesoro, tuvo que cuidar mucho de si mismo, se disciplino, valoro el esfuerzo y el trabajo, no dio paso a malas compañías y en los tiempos más difíciles, el tesoro jamás disminuyo, al contrario, creció.
Dos hombres, dos padres, un solo nombre.
¿Ahora, tu, que tesoro quieres? ¿Cual es tu meta? Tú decides.
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Pintura y Escrito: Oscar Basurto Carbonell
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Y partió el hombre joven y fuerte dejando todo atrás y tenia una consigna en su corazón, quería descubrir y encontrar la mayor fuerza, la mayor energía, y partió hacia la gran montaña.
Larga fue su travesía y llego a las faldas de la gran montaña y así le dijo:
- Revélame el secreto de la gran fortaleza.
Y la montaña, sacudiéndolo todo, como si ella misma se estremeciese, así dijo:
- Yo no conozco, yo no tengo ese gran poder, sigue tu búsqueda y cuando encuentres ese poder, ten a bien regresar que aquí, estaré esperándote para saber esa gran verdad.
Así pues le dijo y partió a buscar aquel soberano poder y no se le ocurrió mejor idea que ir al mar y así le dijo:
- Tu que tienes tanta vida, tu que conoces muchos misterios, revélame el secreto. ¿Donde esta el gran poder? ¿Donde esta la fortaleza incomparable?
Y el mar le contesto:
- Yo, esto lo he oído otras veces pero no he sabido contestar, yo no tengo la respuesta, mas si tu la llegas a saber, ten a bien regresar y decirme, por favor.
El hombre entonces partió y se dirigió hacia un bosque lleno de árboles, flores, frutos y animales. Y se adentro mucho, camino días y noches y cuando sintió haberse encontrado en el centro del bosque pregunto en voz muy alta:
- A la montaña fui a buscar, al mar también y vengo aquí también a preguntar, quiero que se me revele el secreto del más grande poder.
Y aquel bosque entonces contesto:
- Como quisiera yo también saber, mas yo no lo se, y si lo descubrieses, ten a bien venir y contarme.
El hombre entonces se empecino y en su corazón, así mismo, se hablo: ¿Como esto podrá ser?
Y fue al desierto, fue al río, a la laguna, mas la respuesta no hallo. Espero la noche más oscura y a la vez el día más claro y le pregunto a la luna, a las estrellas, al rayo, al trueno, a la lluvia, al calor mas intenso, al frío mas gélido.
Y hallabase decepcionado, terriblemente frustrado y así continuo deambulando, y llego a una aldea y ahí se producía un evento, era un entierro, había tantas personas que no pudo evitar encontrarse a si mismo en el medio del entierro. Había muchas muestras de reconocimiento, reverencia y afecto, al parecer era un hombre sencillo y común el que había fallecido, ya de muchos años. Y el entonces, se pregunto: ¿Como es que yo he llegado a este lugar?
Y una voz como venida de todos lados le contesto:
- Tu has puesto empeño y dedicación y has buscado la respuesta en lugares equivocados, nada de lo que te ha parecido grandioso, te ha sabido responder, ahora estas aquí envuelto en una multitud, aun tus ojos, tus oídos y tu corazón están cerrados, pero mira quien te dará la respuesta, este anciano que parece insignificante y aun esta muerto, pero a el pregúntale.
Entonces el hombre contesto:
- Me estaré volviendo loco, mejor lo voy a saber.
Entonces, al muerto pregunto:
- ¿Dime, acaso sabes tu la respuesta que estoy buscando? ¿Dime donde esta el gran poder? ¿Dime donde esta esa fortaleza?
Más, claramente, el muerto no contesto. Y volvió a preguntarle y preguntarle muchas veces, al punto que se desespero e increpo a aquel cadáver, buscando la respuesta.
Las personas a su alrededor, entonces intervinieron y le dijeron:
- Déjale descansar. Déjale soñar en su nueva vida que nosotros le hemos amado mucho y le amaremos siempre.
Y el entonces alterado y enardecido, le pregunto también a ellos:
- ¿Quienes son todos Uds? ¿Quien es este hombre muerto? Y escucho casi a sus pies una voz muy pequeña, de alguien quizás no mayor de tres años.
Y esa voz dijo:
- Nosotros somos y el es nuestro mayor tesoro porque todos somos y siempre seremos una familia.
Súbitamente aquella voz que venia de todos lados, le dijo claramente:
- Esta es la respuesta, el final de tu viaje, ya no tienes mas preguntas.
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Oscar Basurto Carbonell
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Tenía una pequeña luz entre mis manos y vino un fuerte viento y lo apagó. Entonces tuve frío y busque una antorcha, y la antorcha daba luz y calor poderosa, pero otra vez vino el viento y en un instante mi antorcha su fuego apagó.
Entonces reuní mil antorchas y aún mil más, pero vino el viento otra vez y sopló y sopló y toda la luz apagó. Entonces miré al cielo y había una estrella, y dije allí está la luz; y el viento movió las nubes y la estrella no pude encontrar.
Más se hizo todo mas oscuro y el viento se hizo mas helado ,soplaba con fuerza y aún hasta parecía gritarme y el cielo caer encima mío .Y tuve frío y tiritaba y ni siquiera pude ver , era como estar frente a un abismo y el abismo en todo lugar , no había horizonte no distinguía arriba ni abajo todo era absoluta oscuridad y me sentí solo pero cuando la soledad parecía dominarlo todo, una luz apareció y sentí calor y pude ver lo que no veía , y miré más allá , más allá aún de las estrellas , atravesé las nubes y los cielos y todo me fue abierto y regresó mi fortaleza y fui fortalecido aun mas y aquella luz se agrandaba.
Y también le pregunté
- ¿Cómo te llamas tú?
Y me contestó una sola palabra que acaba con la oscuridad, que acaba con la soledad, que acaba con el desaliento y la desesperanza.
Y me contestó:
Mi nombre aunque pequeño es más grande entre todos los nombres: Fe.
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Oscar Basurto Carbonell
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